Desde hacía tres siglos, la villa de La Palma venía siendo regida por el señorío jurisdiccional de los Alcázar, pero los tiempos comenzaban a cambiar. Transcurrían los últimos años del siglo XVIII. Todavía no había entrado en vigor la ley de la abolición de los señoríos pero, en no pocos lugares, sus cabildos seculares ya se estaban atreviendo a poner en duda la autoridad de sus respectivos y tradicionales señores feudales.
En definitiva, La Palma se estaba quedando sin su señor, sin su antiguo protector, pero al mismo tiempo estaba abogando por unas mínimas libertades administrativas hasta ahora asfixiadas por el régimen absoluto del señorío jurisdiccional, que lo poseía y lo dominaba casi todo en la población... directa o indirectamente.
Pero, al mismo tiempo que se iba desprendiendo del yugo del señorío, el Cabildo secular de estos meses venía buscando urgentemente un patrono, un protector, una advocación religiosa a la que recurrir... porque en la región amagaban de nuevo peligrosas epidemias. El 15 de abril de 1798 se tomaban las primeras medidas sanitarias: “limpieza de calles, retirar el ganado de cerda del pueblo y las calderas de aguardiente, que no se permitan estercoleras ni orujeras en el recinto del pueblo, y que los caños de las calles estén limpios y corrientes”... Poco después se acordó retirar los ganados de los baldíos y dehesas, y controlar férreamente los espigueos.
Con todo, las amenazas coléricas seguían atemorizando a la población. Y por fin el 2 de septiembre de 1800 ambos Cabildos, de común acuerdo con el médico de la villa D. Manuel Serrano, decretaron implorar la misericordia de San Juan Bautista, San Roque y San Sebastián, organizar rogativas públicas, solemnes procesiones y rosarios de madrugada, prohibir la feria de ese año, controlar las entradas en el municipio y... “activar las diligencias oportunas a que se proclame por Patrono al Sr. San Juan Bautista en su Degollación o Martirio”...
Era la primera vez que se hablaba, oficialmente, sobre el proyecto de instituir la figura del Patrón. No había tiempo que perder. Dos días más tarde se creaba la Junta Local de Sanidad, coordinada, entre otros, por el entonces párroco D. Juan José Cristovo.

La epidemia de 1800 fue especialmente virulenta en la zona de Sevilla, donde incluso por ese motivo se llegó a suspender la Semana Santa de ese año. A finales de septiembre se colocan en lazaretos del campo palmerino a numerosos trabajadores temporeros de Sanlúcar, por ser ésta una de las localidades ya contagiadas. Al mismo tiempo, el pregonero municipal (Francisco de Medina) salía por las calles del pueblo recordando las urgentes medidas sanitarias tomadas por el Ayuntamiento. Había mucho pánico, en suma, de que el cólera entrase abiertamente en la población de La Palma.
El 28 de septiembre de este año 1800 se acordaba, en cabildo público, nombrar Patrono de la Villa a San Juan Bautista en su Degollación y Martirio... “pues todo medio humano, sin este preciso antecedente, es ineficaz, y cuyo día sea festivo de precepto y de toda solemnidad para el Pueblo”...
De todas formas, parece que dicho acuerdo no fue definitivo pues el 6 de mayo del año siguiente un acta capitular recuerda la promesa del 2 de septiembre de 1800 de instituir canónicamente un patronazgo “toda vez” -leemos- “que se halla este Pueblo sin santo Patrono principal y tutelar a quien acudir en sus necesidades y conflictos, por lo que se acuerda notificar al Vicario para tratar de este negocio y su pronta expedición”...
Por fin al día siguiente, un histórico 7 de mayo de 1801, se reunían ambos cabildos y acordaban por unanimidad nombrar como Patrono de la villa palmerina a San Juan Bautista en su Degollación y Martirio. El pueblo fue informado de tan importante acuerdo dos días más tarde, “a las diez de la mañana y ante la sala capitular”, mediante pregón público. Y un día después, el 10 de mayo, convocado todo el vecindario, se efectuó la votación secreta, de la cual salió la aclamación popular del Patrono. Eran a la sazón alcaldes ordinarios de la villa D. José Roque Moneva, D. Manuel Domínguez, D. Diego de Cárdenas y D. José Soldán.
Desde entonces hasta hoy día ha permanecido inalterable este patronazgo institucional, a pesar del cambio de fecha de la festividad propiamente dicha.
De esta manera, en cuestión tan sólo de meses, la decisiva voluntad de un grupo de capitulares, canalizada a través de arduos expedientes y pliegos de testigos, hizo que La Palma perdiese para siempre un polémico Señorío y que por el contrario ganase -también para siempre- un benefactor Patrón al que encomendar súplicas y desvelos.
Porque, en el fondo, aquellas primeras autoridades del lugar creían más en la protección divina... que en la humana.
Adaptación del artículo "Sin Señor... pero con Patrono" de Manuel Ramírez Cepeda publicado en la revista Juncia y Romero Nº1. Año I. Mayo de 2008. de la Hermandad Sacramental.
A continuación les dejamos un reportaje de la pequeña imgen de San Juan Bautista que se venera en la Parroquia, popularmente conocido como "San Juanito".
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