Paseando por nuestro pueblo en estas fechas tan cofrades a escasos días de la Semana Santa, con nuestro buen instinto capillita y siendo un poco observadores, vamos descubriendo poco a poco distintos signos de Cuaresma tan típicos de estas fechas que nos recuerdan lo poco que falta para los días grandes, para los días a los que muchos llevamos todo un año esperando y preparándonos.Haciendo un poco de memoria, este recorrido por los signos cuaresmales lo empezamos hace unas semanas destacando la función y la tradición, de los desapercibidos carteles de las convocatorias de cultos, después nos paramos a meditar ante la Madre de Dios vistiendo de hebrea, y hoy hablamos sobre algo tan importante para poder hacer la tan esperada estación de penitencia junto a nuestros Titulares y como no puede ser menos, también tan tradicional, como es tener ya en nuestras casas las túnicas de penitente con las que si Dios y el tiempo quiere, haremos nuestra estación de penitencia, o algo tan típico como ir a recoger los capirotes al Barato o a la Imprenta para ponerles ya su correspondiente antifaz, y llevarnos un rato mirándonos frente al espejo, sintiendo un escalofrío que nos recorre rápidamente todo el cuerpo.
Y es que no podemos negar que desde que empezó la Cuaresma, ya estamos preguntando a todo el que nos encontramos por la calle y que sabemos que es de nuestra Hermandad, cuando empieza el tan esperado reparto de túnicas, algo inevitable de los capillitas.
Pasan los días, y se acerca sin prisas, pero sin pausas la Semana Santa, por fin llega la primera tarde del reparto de túnicas en la casa Hermandad, intentamos llegar el primero, pero como cada año no ha podido ser, una larga fila de hermanos de nuestra misma Hermandad –que en el caso de alguna Hermandad que se me viene a la cabeza, se puede tardar hasta una hora- espera tras las puertas de la casa Hermandad ¡a que abra¡ Por fin conseguimos nuestra túnica, nos colocamos la bolsa en la que viene –la cual ya hemos señalado que tiene forma de “cojín”- bajo el brazo y tan felices y contentos hacemos el recorrido de vuelta a casa.
No me gustaría olvidarme de la típica estampa de la abuela cogiéndole la bastilla –muchas veces a la carrera unos días antes de la estación de penitencia- a la túnica de su nieto y éste saltando de un lado a otro con la túnica puesta y el antifaz por toda la casa, y la abuela, detrás, porque la gran constancia y paciencia de las abuelas en la mayoría de los casos, es digna de halago. Pero como su nieto no lleve bien la túnica en la estación de penitencia, la abuela interviene en la cofradía y le pone bien la túnica al niño.
Pero falta algo, algo muy importante que también nos gusta hacer a escasos días de la estación de penitencia, recoger el capirote que nos está esperando en el Barato o en la Imprenta, y no me digan que no fastidia cuando llegas a la tienda, te lo pruebas, y si te midió bien la cabeza, ¡de qué forma y manera puede ser que no te esté bien, pero bueno, a esperar un día más.
Así terminamos este signo de Cuaresma, a unas dos semanas de realizar la tan esperada estación de penitencia, con la túnica perfectamente limpia y a la medida justa, pero sin el capirote de cartón del Barato o de la Imprenta, pero bueno, siempre queda la última opción, antifaz caído y cruz al hombro de penitente.
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