
Amor y devoción a la divina pastora anidan el hogar de nuestro pueblo que hoy visitaos, cuando septiembre cuenta las horas para su marcha y se consume junto a este el tiempo pastoreño, que desde Mayo a llevado a las calles de los pueblos y ciudades a la celestial pastora.
Tez clara y rosadas mejillas, con dulces rasgos de niñez, definen la presencia de esta imagen, la cual se trata de una talla sedente de candelero para vestir, realizada en madera de cedro y policromada al óleo, siendo adquirida la talla por su propietario hace varios años al sentirse atraído este por su belleza.
La Divina Pastora se sitúa en una pequeña hornacina dorada, elegantemente ataviada con un ampuloso vestido de brocados ocres y manto granate, mientras sobre su cabeza se ciñe un elegante sombrero salpicado de flores quedando su pelo recogido por una fina toca de encajes. Pecherín dorado repleto de pequeños collares de perlas, aureola de estrellas y callado de plata completan la aujar que presenta la bella imagen.
Rodeada del calor de lo suyos queda la Divina Pastora en su hogar llenando de fe y devoción a las Almas que ella cuida y ampara, como Madre y Guía celestial que es.
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