sábado, 13 de noviembre de 2010

Destello dolorido del pasado



Cede la tarde ante la oscuridad de la noche, el sol arrastra consigo la luz, la vida de calles y plaza, la media luna renueva el resplandor de la noche, depositada a los de María le ofrece su luz y tinieblas. Es Noviembre, su reflejo en la tristeza de las tardes, en la honra por los difuntos.

Las ánimas de los difuntos llevan la luz a la Madre y Señora de las Lágrimas en estos días de cultos a la dolorosa del Martes Santo en los que la Hermandad del Cautivo rinde tributo a sus hermanos difuntos. Días para el recuerdo del presente al pasado indagando en sus raíces para mirar emprender el futuro.

Un esbelto dosel de damasco rojo cobija a Nuestra Señora y Madre de las Lágrimas en estos días de oración entorno a su dulce rostro. Situada sobre la antigua peana de ánimas, la Santísima Virgen se encuentra elegantemente ataviada en oscuros colores en señal de duelo. El rostro de la dolorosa queda enmarcado por un viejo y fino rostrillo del S. XIX que resalta sobre ricos encajes dispuestos al viejo estilo de siglos anteriores, cuyo pecherín se encuentra salpicado de joyas entre las que destaca un corazón atravesado por una daga de plata de ley. Saya azul marina con apliques plateados a juego con el manto de terciopelo en la misma tonalidad, conforman el atuendo de la señora que porta en sus manos rosarios y un escapulario, entre sus brazos un sudario de tul con encajes antiguos de bolillos del S. XIX y sobre sus sienes la presea de salida.
La virgen se encuentra rodeada de cera blanca repartida en varias tandas de candeleria a sus lados y en diversos candelabros a sus pies, los cuales están colocados simétricamente dejando en el centro a un bello crucifijo situado sobre una pequeña peana dorada. El exorno floral del altar es muy variado, estando formado por cuatro jarras con piñas cónicas a base de claveles blancos y clavellinas fucsias, situadas simétricamente a lo largo del altar, y por una nube de flores blancas a los pies de la Santísima Virgen a base de azucenas, rosas u orquídeas.

Desde estas líneas expresamos una vez más nuestro más sincero agradecimiento a la Hermandad del Cautivo por su colaboración a la hora de realizar la galería fotográfica de esta noticia, la cual se ha realizado a la luz de las velas.

Oscuridad y tristeza en los ojos de María, el reflejo de la muerte en sus lágrimas. Cautivando corazones, cosechando oraciones, derramando su dolor María evoca a aquellos que habitan en la gloria celestial.





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