jueves, 11 de noviembre de 2010

Nuestra Señora de la Amargura de luto



Amargura en la memoria de las ausencias.

En estas cortas y gélidas tardes de Noviembre, el recogimiento de la Ermita del Santo invita a la reflexión profunda. Tras el paso de las cuentas del rosario ante la mirada perdida de la soledad, la Amargura arranca del alma una oración de esperanza con la dulzura de su mirada enlutada.

Sencilla y humilde, dulce y hermosa, así se presenta la Dolorosa del Domingo de Ramos en estos días del recuerdo de aquellos que ya gozan del cielo eterno. Un tocado de tablas inmaculado realza la belleza de la tez morena de la Señora de la Amargura. Austeridad en los ropajes enlutados de terciopelo que luce la Santísima Virgen, mientras sobre sus sienes se ciñe un hermosa diadema de plata.

Duelo dulce y austero, color oscuro y negro que alimenta la tristeza en la Amargura, mientras su eterna mirada es el reflejo de un alma rota por la perdida sentida.



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