jueves, 9 de diciembre de 2010

Inmaculada Auxiliadora

Del cielo a La Palma bajó su auxilio Inmaculado.

Día grande para la familia salesiana junto a su madre celestial, el salvador se tiñe de rosa y celeste, concepcionista y salesiano ante la presencia humana de la su Auxiliadora. Recuerdos de niñez en un patio enclaustrado vienen a la memoria al contemplar la dulzura de su rostro, la suavidad de su mano. . . y una tímida sonrisa refleja en el rostro infantil la bienaventurada dicha de su madre inmaculada.

Dejó su trono en el cielo junto al Espíritu Santo, aquel que por divina intersección llevo el fruto Bendito a su vientre. Desde el cielo a la tierra los ángeles le han labrado una esbelta escalera sobre la que han ceñido una alfombra de gloria por la que María bajo a la luz de estos celestiales habitantes para estar junto a su pueblo, ese que a sus plantas se rinde dejando cientos flores rosadas bien sean margaritas o liliums. Perfección y elegancia en el altar que la cobija sobre marmórea escalinata escoltada por reliquias de aquellos que fueron maestros de su devoción. Majestuosa la madre salesiana se presenta sobre una nube de querubines con preseas de plata sobre sus sienes y las de su hijo, enmarcada bajo una fina aureola de tan noble metal del que se forja la creciente luna que a sus plantas se sitúa y el fino cetro con que a sus hijos bendice.

Quedaron grabadas en sus manos oraciones y promesas guardadas en los corazones que la veneran como llena de gracia y dulzura. Tras sentir su cercanía, antes de que regrese al paraíso celestial una sincera letanía salida de lo más profundo del corazón romperá el silencio de la gloria proclamándola ¡Oh Virgen dulce de Mayo en Diciembre aclamada! ¡Oh inmaculada María Auxiliadora de la Palma!


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Fotos: José María Pichardo

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