
La pureza de un rostro reflejo de la madrugada.
La capilla de Nuestro Padre Jesús se encuentra en estos días de la festividad de la inmaculada teñida de azul, presidida por la Virgen del Socorro bajo la atenta mirada de su hijo, escoltado por dos colgaduras celestes que caen desde dos viejas piezas de orfebrería pertenecientes al palio de terciopelo de la Señora. La Virgen se encuentra radiante con un hermoso tocado de tablas inmaculado, ataviada con saya de tisú bordada en aplicación, manto de terciopelo celeste y toca de sobremanto, mientras su cintura queda ceñida por un nuevo cíngulo de tonos apagados. Sobre sus sienes porta la corona de de salida mientras en sus manos reposan un viejo pañuelo de finos encajes y un par de rosarios donados por devotos.
La Palma implora a María inmaculada a través de sus más fieles devociones, el luto de Noviembre dio paso al celeste de la pureza en nuestras dolorosas. Así, gloriosa se presenta la Señora del Socorro en estos últimos compases del año inundando de su pureza a todo aquel que la contempla tras la añeja reja de su celestial capilla.
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Fotos: José Mª Pichardo
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