
Soleada mañana salesiana en La Palma bajo la atenta mirada Don Bosco.
Aulas vacías, ni libros, ni lápices, ni mochilas, ni rastro alguno de la monotonía infantil en el colegio salesiano. La lección no trataba de números ni de letras, sino de Dios. Las enseñanzas eran las del maestro Santo del que día tras día han oído hablar y cuyos valores reciben para forjar corazones cristianos bajo el eterno auxilio de María.
Mañana especial la de ayer, última de Enero, en la que el que el fundador salesiano salía para recorrer las calles de su pueblo en compañía de los más pequeños para celebrar el día de su Festividad Litúrgica.
A media mañana, cuando el sol se postraba en lo más alto de un celeste cielo, el simpecado del Colegio Salesiano se encaminaba a comenzar el cortejo infantil que acompañaba al Santo, tras la celebración de una misa en su honor. Entre una multitud de margaritas blancas y sobre los hombros de los más jóvenes se alzaba la imagen de San Juan Bosco, imagen muy venerada en la familia salesiana.
A medida que Bosco iba recorriendo las calles del pueblo, se iba uniendo la gente a tan singular procesión, amenizada con una pequeña banda de música que los mismos alumnos del colegio Salesiano habían formado para la particular procesión. En la Plaza del altozano los más pequeños del colegio de las carmelitas recibían a Don Bosco, siendo a su vez un día especial para ellos. A lo largo del recorrido se le dirigieron unas bellas palabras al resplandeciente monumento de María Auxiliadora, se le rezó una salve al monumento a la Virgen del Rocío a la llegada a su placita y al azulejo de Nuestra Patrona situado en el tramo más alto de su calle. Fue un gesto precioso en este año tan especial de Nuestra Señora del Valle.
Mientras que una multitud de pequeños, de variadas edades, acompañaban a San Juan Bosco, la procesión se iba terminando. Cada vez se estaba más cerca de la que es la casa del Santo, la Iglesia del Salvador, junto al colegio de los Salesianos. A su llegada, los impacientes alumnos lo esperaban ansiosos de poder recibirlo. Los más pequeños, con las manos en alto, saludaban a San Juan Bosco a la par que le cantaban el himno dedicado al mismo. Una vez en el interior del templo, al aproximarse a la imagen de María Auxiliadora se le fueron lanzando vivas de alabanza a los que todos los allí presentes respondían con alegría y firmeza.
Don Bosco bendijo a la Palma con su presencia llenando sus calles de la alegría de los más jóvenes, alegría que permanece en el tiempo grabada en el rostro del santo maestro como reflejo de su celebre frase "Para nosotros la base de toda santidad consiste en estar siempre alegres." Pronto los niños pasarán a formar parte de la extensa familia salesiana, esa que aguarda ya la llegada del dulce sueño de Don Bosco en la tarde donde volverán a ser niños mientras el cielo se tiñe de rosas que se marchitan ante la gloriosa presencia de María Auxiliadora.
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Fotos: Rocío Grafia
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