
Añorando tú presencia. Marchaste en silencio cual joven novicia; el cielo lloraba, la tarde nacía, la vieja madera crujía mientras la ojiva te despedía. Leales corazones guiaban tus pasos, sus ojos quedaban en tus ojos clavados grabando plegarias en tus viejas manos. Un arca de gloria bordado te recibía donde se dan cita lirios y estrellas que narran historias de la amanecida. Estampas de antaño inundan la estancia donde los años invierten su marcha.
Si, es cierto, marchó tu talla pero eres mucho mas que una simple apariencia, eres puro sentimiento, eres esencia del Viernes Santo, eres fe y devoción labrada en plata en el corazón de la ciudad por la oración íntima y sincera a la reina de los cielos.. Volverás a ser aquella niña de sonrojadas mejillas que Sebastián Santos concibiera, con tu tez anacarada, tus ojos asustados y lágrimas de cristal. El tiempo y la devoción han echo mella en tu imagen, grano a grano han pasado segundos, minutos, días, meses y años en el viejo reloj que hoy inviertes, solamente tu eres capaz perpetuarte en la eternidad labrada por el surco del madero de tu hijo Jesús, el Nazareno.
Ansiado es tu regreso que disipe las tinieblas de los mudéjares muros del alma. Es tu rostro la luz que desde el mismo cielo ilumina la tortuosa senda de la vida y son tus manos regazo donde gozar al fin de los días del eterno descanso. La ciudad te aguarda, florece pronto cual mas bello azahar en la primavera de los tiempos, que esta cuaresma sin verte esta consumiendo el alma que busca y no encuentra el socorro de tu mirada.
Foto: José Mª Pichardo
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