
Vuelve el pañuelo a enjugar sus lágrimas.
La gloria da paso al dolor. Tras el tiempo de adviento y navidad Nuestra Madre y Señora de las Lágrimas vuelve a mostrar en su afligida existencia el desconsuelo de su rostro.
La dolorosa del Martes Santo se presenta con el rostro enmarcado por un sencillo y fino tocado que se une en un bello broche de plata, quedando el pecherín, a tablas horizontales, libre de joyas. En su diestra la Santísima Virgen porta un finísimo pañuelo de encajes y en la siniestra dos rosarios, uno de plata y otro de cristal. Por lo demás el atavío de la dolorosa permanece como en fechas de adviento.
Regresa el duelo a su presencia, la cuaresma lejana derrota el tiempo de gloria y en su rostro afloran esas cinco lágrimas que cautivan a La Palma, no se fueron nunca pero parecen regresar anunciando el tiempo de la ceniza.
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Fotos: José Mª Pichardo
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