
Toma La Palma su cruz. Penitencia y comunión aligeran la carga labrada por el peso de los pecados que el Nazareno porta sobre su lacerado hombro. A sus plantas la cuaresma.
Cita con el rito inmemorial en el templo principal de la ciudad que guarda recuerdo de viejas novenas al Nazareno. María y San Juan escoltan al Señor. Cinco tardes de invierno bajo su atenta mirada, cinco tardes invierno encontrando el consuelo en su rostro de dolor, cinco tardes de invierno de promesas prendidas en los bordados de su túnica, cinco tardes de invierno compartiendo el pan y vino como signo de su amor, cinco tardes de invierno siguiendo sus huellas cargados de nuestra cruz. Cinco letras en su nombre, cinco las llagas de su pasión.
La Palma acude a la cita con Jesús Nazareno, comienza la cuaresma. Fieles y devotos acuden en estos primeros días del tiempo del gozo a llevar sus súplicas y oraciones a Dios en el Solemne Quinario de la Hermandad de la Madrugá. Notas especiales presentan este año los cultos que adelantaron un día su comienzo y que tienen como testigo por primera vez en la Parroquia a la imagen de Nuestra Señora del Valle en el año de la Coronación, dejando así una histórica estampa.
Sobrio altar el que se presenta este año para los cultos cuaresmales de la cofradía, llamando la atención la escasa cera presenta. Bajo el esbelto dosel de cultos de la Hermandad se presenta el Señor ataviado con la añeja túnica de los cardos, portando sobre sus sienes corona de espinas y potencias, flanqueando por blandones dorados portando cera morada y dos jarras de flores compuestas por claveles rojos dispuestos en forma bicónica. A las plantas de Ntro. Padre Jesús Nazareno, se encuentran la Ntra. Señora del Socorro, luciendo saya de tisú bordada en aplicación de principios del siglo pasado, cíngulo calado en hilo de oro con pedrerías, manto de terciopelo azul con bordados en aplicación por su cara vista, corona imperial de plata y el antiguo tocado de Filipinas, mientras a su lado se situaba San Juan Evangelista, portando túnica lisa de terciopelo verde y mantolín bordado en oro. Escoltando a estas imágenes se sitúan dos pares de blandones portando cera morada.
Abraza La Palma la cruz de sus pecados y camina junto al Nazareno al encuentro con su madre. Sus ojos asustados conducen a la gloria de los cielos. La ceniza marcó las sienes y a los pies del nazareno inicio su larga penitencia la cuaresma.
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Fotos: José Mª Pichardo
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