
Primer signo de Cuaresma que publicamos en ésta que comenzó hace ya poco más de una semana. Pues bien, en éste primer signo hablamos de un elemento que nunca falla en la Cuaresma e imprescindible para nuestra Semana Santa en general, hablamos de las “flores cofrades”; del azahar, del lirio, de la azucena, del clavel… Y confieso que éste que escribe, no es gran entendido en el tema que nos ocupa, es por ello que intentaré no hacer referencia a muchos nombre específicos evitando así fallo alguno y el repasito de algunos, bien puestos en éste tema, y que seguramente lean éste texto.
Cierto es que como he dicho antes, la Cuaresma acaba de empezar y aún estos signos pueden que no hayan hecho acto de presencia con esa intensidad que les caracteriza días antes de la Semana Santa, pero sí que empiezan a insinuarse tímidamente entre las hojas del naranjo o artísticamente colocadas en centros florales para los altares de cultos, tan abundantes en éstas fechas.
Y a ver, ¿qué cofrade va paseando por la calle y cuando pasa bajo un naranjo, no empieza a buscar ya el azahar entre las hojas? Pues muchos se habrán sentidos identificados con ésta tarea diaria que me ocupa a mí por ejemplo, cada vez que paso por la calle San Sebastián. Estamos en la fecha en la que aún no ha estallado el azahar, principalmente también éste año por la abundante lluvia que no deja de caer –nótese aquí como el cofrade en éstas fechas, hasta se hace meteorólogo-. Aún miramos los naranjos y decimos esa frase de “todavía están las bolitas” pero es posible, que dentro de unos días al pasar por nuestras calles, nos venga repentinamente un olor que nos resultará muy familiar, un olor que nos avisa que esto ya está aquí, que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina, un olor que para verificar nuestras sospechas, nos acercamos al naranjo y es entonces cuando ya podemos admirar la dulzura y delicadeza de esa flor; y sí, es cierto, el azahar está preparado. El testigo que florece en marzo allá por la ermita del Santo, para hacer ese tan ansiado Domingo de Ramos un día aún más especial si cabe, para poner el último detalle de ese cuadro que se pinta cada Martes Santo con María y San Juan, para hacer de la madrugá la noche más mágica y especial del año mientras mezcla su olor con el incienso del Nazareno, y como no, cada año comenzamos la Semana Santa igual que la culminamos, con azahar y Dolores. Y es que una vez se cierren las puertas de la Iglesia esa fría noche de Viernes Santo, el azahar se marchitará y todo se habrá consumado.
Pero no solo destacar el azahar como una de esas flores que antes denominé como “flores cofrades”, también mencionar como no, el clavel; la flor que desde antaño ha decorado los pasos de Cristo, de tonalidad tradicionalmente roja y los llamados “sangre de toro”, o los de palio con el típico clavel blanco. Lirios morados en los pasos de Cristo que dan esa indudable elegancia y sobriedad de siempre, y lirios blanco pureza para los palios. Azucenas, jacintos, jazmines y nardos entre otras, han compuesto el exorno floral de nuestros palios en la Semana Santa durante años, y aunque siguen apreciándose aún con abundancia, decir que en la actualidad sí es cierto que las Hermandades están apostando cada vez más por unos exornos más atrevidos antes impensables; hablamos por ejemplo de los tulipanes, que parece ser que tan de moda se pondrán en la próxima Semana Santa.
Gran variedad de flores cofrades; perfuman las calles, adornan altares y pasos durante la Cuaresma y Semana Santa, todo gracias al arte de aquellos que pasan horas trasnochando para que todo esté apunto para la salida procesional o para un besapiés, una labor digna de admiración y que a veces, pasa desapercibida.
Flores cofrades, como la rosa de pasión, esa que cada día que consume ésta Cuaresma se hace más fuerte y crece, hasta que sin darnos cuenta, florezca en tan solo unas semanas.
Diego M. Sánchez
Foto:José Mª Pichardo
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