Más halla de la ojiva cruzan sus miradas. Reencuentro de madrugadas con fragancia de rosas y perfume de nardos. Primavera y estío, rosario y penitencia, duelo y gozo, inmaculadas de azul y blanco, plata y oro de los siglos sobre las sienes.La ciudad besa su tez de cuaresma. Se consume el tiempo entre sus manos, pañales y mortajas para el Hijo. Cuna y cruz de madera labradas por los pecados del mundo, el salvador vence las llamas de los malos vientos del pretérito. El demonio derrotado no pudo ni podrá eclipsar la mirada que traspasa el alma del niño que alcanzo azotado la madurez para abrazar el lecho de la salvación. Renace de las cenizas la nueva Eva.
Hermanas. Hijas de un mismo padre, madres de un mismo hijo. Vuelven a reencontrarse las hijas del maestro, la realidad se hace sueño de Sebastián Santos tras el dintel de ladrillo. Se refleja la belleza de María bajo la cúpula del amor. Dolores, Socorro y Valle unidas en el corazón de la ciudad. Valle y Socorro, Socorro y Valle la luz de la ojiva derrama sobre estas tierras su amor. En su corona el dolor torna en gozo que es Socorro del Señor.
Foto: José Mª Pichardo
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