martes, 12 de abril de 2011

Corona de espinas



Miro hoy tus ojos señor, esos tus dulcísimos ojos, clavas tu pupila en mi traspasando lo mas profundo del alma, como afilada espina de tu frente. Brota de tus heridas sangre que colma el cáliz de la Fe que tus fieles portan en el corazón.

Como pudieron Señor aquellos hombres burlar tu humilde presencia, como pudieron Señor ceñir sobre tus sienes una corona de espina si ni siquiera todo el oro del mundo es suficiente para labrar tu presea, rey de cielos y tierra.

Hoy surcas las tinieblas de la vida, disipas las dudas de la mente, vences la tentación del pecado de un pueblo puro y limpio que se congrega a tus plantas. Yo quisiera hoy Señor desatar la soga que te aprieta las manos y sentir el calor de tu redención sobre el corazón. Hoy quisiera ser hilo nuevo de oro en tu túnica, esa única propiedad tuya que se rifaron aquellos que de ti se burlaron y que tu pueblo te ofrece como reliquia de su amor sincero.

Yo quisiera hoy señor ser humilde golondrina de primavera y retirar de tus sienes las espinas, limpiar mi corazón de pecado, y enjugar con mi túnica la sangre que sobre tus sienes han derramado.

Por José M. Pichardo

Foto: José Mª Pichardo

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