jueves, 19 de mayo de 2011

Crónica de las fiestas de la Santa Cruz de la Calle Sevilla


Sentimiento piompero: aroma, cante y luz.

Mayo nace en La Palma halla por donde nace el sol cada nuevo amanecer, allá donde el rojo es mucho mas que el color de la sangre y la razón se desvanece ante los límites infinitos del corazón. Allí donde el comienzo de este mes supone el rejuvenecer de la cal blanca, el florecer del viejo geranio, el desvelo de noches de limpieza, el zurcir del traje nuevo, el alzamiento de un mar de bombillas, el ondear al viento de un centenar de banderas, el madrugar del cepillo acicalando las aceras, el ajetreo incesante, en definitiva, de unos fieles vecinos cuya calle se convierte en el corazón de la ciudad.

No es lugar esa calle de lágrimas ni tristezas sino de la alegría de ver la victoria de la vida, su nombre resuena a verso que despierta primaveras al compás de la esperanza y perfuma de nardos el trono donde se eleva María. Es allí donde todo estaba listo para que ese domingo de luz soñado irrumpiera en las fachadas, las macetas los geranios, las bombillas, las banderas, las aceras,. . . al paso de su Santa Cruz, la de la Calle Sevilla.

Las fiestas de la Santa Cruz culminaban el pasado fin de semana una quincena de espera y entusiasmo, de trabajo y esfuerzo. El pueblo piompero disfruto de un intenso fin de semana en el que el Sagrado Madero fue el centro de todas las miradas y el arca que recogía en su seno las oraciones sinceras.

Con el estallido de un cohete y el inconfundible repique de las campanas comenzaban las Fiestas del presente año con la celebración de la Eucaristía a las puertas de la Capilla con la asistencia de cientos de piomperos que recibieron con alegría a los nuevos hermanos de la corporación. Al finalizar la Santa Misa se procedió a la proclamación de la Reina de las fiestas, la Srta. Sofía López Pinto, y la reina infantil, la niña Cristina de la Cruz Pérez Perea, quienes impusieron las bandas a sus respectivas cortes de honor junto a las cuales vivieron unas fiestas inolvidables en las que sintieron la cercanía de la Santa Cruz,

Palabras y besos volvieron a inundar los alrededores de la capilla en la noche del jueves, donde la cruz abandono su camarín para estar junto a sus fieles. El sagrado madero se alzaba triunfal sobre un monte de romero, margaritas blancas y lirios morados, prendiendo de sus brazos el sudario bordado en oro sobre tisú de plata con incrustaciones de marfil y perlas, estrenado en el año del centenario de la Corporación. Allí recibió la cruz el cariño de sus devotos tras la magnífica exaltación pronunciada por D. Juan Castizo Reyes que plasmo con maestría los sentimientos cruceros en una cuidada disertación lírica. Una vez los fieles concluyeron la veneración al Santo Madero en el recogimiento de los cánticos de la Coral Municipal, se procedió a la subida al paso de la Santa Cruz, tras la interpretación de unas sevillanas dedicadas a la Santa Cruz desde un balcón situado al frente de la Capilla. El silencio se hizo presente en los alrededores, nerviosismo en los corazones piomperos que estallaban en júbilo cuando la Cruz era colocada en sus añejas andas y se unían para entonar juntos el Himno.


Cornetas y tambores militares volvían a las fiestas piomperos tras la ausencia del pasado año, llenando de alegría las últimas horas de la tarde del viernes en su visita a las autoridades y la capilla de la cruz anunciando con paso firme la hora de postrarse con flores a María.

Caída la noche llegó el momento anunciado, desde la capilla de la cruz partía un río de volantes, mantoncillos y peinetas que portaban en sus manos el perfume de la pureza y en su corazón las oraciones a su madre celestial, mediadora en este valle ante el señor y en cuya corona se funde el oro puro que refleja la Santa Cruz. Abriendo paso al cortejo de la ofrenda floral la banda paracaidista seguida de la cruz de guía de la Hermandad y cientos de mujeres piomperas que aguardaban el encuentro con su Madre del Valle en el marco excepcional de la Iglesia Parroquial, donde se realizo por primera vez este culto al encontrarse la Virgen en ella con motivo de su coronación. Allí se fueron depositando los ramos de flores a los pies de su altar rezándose la Salve a la llegada del simpecado donde Santiago Martínez plasmo su belleza, tras la cual concluyo este tradicional acto al depositar su ramo la Reina de las Fiestas, regresando tras ello el cortejo a la Capilla.


Casi sin tiempo para descansar, con las primeras luces del alba del sábado una ferviente masa de piomperos se reunía para acompañar a la Banda de Cornetas, Tambores y Escuadra de Gastadores de la Brigada Paracaidista de Paracuellos del Jarama, en la tradicional diana floreada que se extendía hasta pasado el medio día proclamando la alegría de las fiestas piomperas por las calles del pueblo. A su llegada a la capilla el presidente de la Hermandad hacía entrega de un obsequio a la corporación militar por su estrecha vinculación que los años han forjado con la Hermandad mientras esta recibía de manos del coronel de la brigada un detalle en agradecimiento.

Al caer la tarde la alegría del romero llevo a las calles de la ciudad el cante y el color en caballos, manolas, carros y carrozas que proclamaban la grandeza de las vísperas del día soñado de la Cruz. Sones de flauta y tamboril abrían el cortejo acompañando al tradicional mulo del romero, la caballería y las manolas daban paso al son de cascabeles, panderetas y castañuelas a los engalanados carros. Cerrando el cortejo las artísticas carrozas de D. Manuel Martínez ligero que una vez mostraban el incesante ingenio de esta gran artista y su equipo de colaboradores. Entre las carrozas este año pudimos encontrar la clásica fantasía de Disney en la carroza de la reina infantil con una esbelta presencia, motivos frutales y florales en las de las reinas del pasado año, monumental dorado en la de la reina salpicada motivos amorosos y finamente en este año tan especial dos carrozas en la que se podía apreciar la presencia de Nuestra Señora del Valle, llamando especialmente la atención la que presentaba la ráfaga y la corona de la Virgen enmarcadas ante un fondo rojo. Una presencia la de Nuestra Patrona en las fiestas piomperas que se manifestó además en la recogida del romero al caer la noche ante las puertas de la capilla de la Santa Cruz, donde se entonaron espontáneas sevillanas que unían ambas devociones y que se unieron a la emoción de los vivas a la Santa Cruz.


El domingo, como se había venido produciendo a lo largo de las fiestas, el día amanecía radiante, completamente despejado y con unas elevadas temperaturas. En la Calle Sevilla todo estaba listo y al son del tamboril los vecinos abandonaban sus casas rumbo a la capilla mientras en el resto del pueblo la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús despertaba a la ciudad para anunciar el día grande de la Santa Cruz.

Entre el repique a gloria de las campanas y el estallido de la pólvora comenzaba el traslado de la Santa Cruz a la Parroquia para celebrar allí la Función Principal de Instituto de la Hermandad. Especialmente bella lucia el Sagrado Madero en su paso exornado a base de gladiolos blancos y orquídeas de Singapur moradas que perfumaban las calles a su paso. La cruz estuvo arropada en todo momento por sus fieles que sintieron sobre sus hombros el peso de la tradición, viviendo emocionantes momentos en los primeros pasos de la santa Cruz por su calle en la visita a los enfermos y en el recogimiento por aquellos que partieron hacia el cielo a través de ella. Durante el traslado la Sociedad Filarmónica Ntra. Sra. del Carmen de Salteras estrenó la marcha “A mi cruz de Mayo” compuesta por el subdirector de dicha sociedad, D. Manuel Cabalgante Ortiz, quien durante el transcurso de la Función Principal entrego la partitura a la Hermandad recibiendo este la medalla de la corporación.

Una vez la Cruz llego a la Parroquia se celebro la Solemne Función Principal que contó con la brillante intervención de la Coral Polifónica municipal. Durante la misma los hermanos de la Hermandad realizaron pública protestación de Fe tras una intensa homilía de nuestro Párroco.


Una vez concluido este culto se iniciaba la triunfal procesión del Leño Sagrado por las calles de La Palma. La singular cruz de guía de la Hermandad con su suave tintineo de sus campanillas abría el cortejo seguida de las, lamentablemente cada vez menos multitudinarias, filas de mujeres tras las cuales las reinas y damas del pasado año precedían al simpecado de Nuestra Señora del Valle, el cual era escoltado por miembros armados de la Banda del Sol que volvió a cautivar a la ciudad con su inconfundible presencia y los magistrales sones de sus marchas. La reina infantil y su corte proseguían el cortejo ante el gallardete de la corporación seguido de las filas de hombres que anteceden el viejo libro de reglas de la Hermandad custodiado por los jóvenes de la Hermandad, que este año han vivido de forma especial las fiestas al celebrar los 20 años de la fundación de JOPI. Finalmente la reina y damas de las fiestas antecedían el paso de la Santa Cruz rodeado por cientos de piomperos y devotos que llevaron la gloria de la resurrección a las calles de La Palma. Momentos de gozo y emoción los vividos durante la procesión en la que los vivas espontáneos salían del interior de los corazones piomperos al contemplar el paso de su Cruz o tras la lluvia de pétalos que la envuelven a su paso por Muñoz y Pavón. Así lentamente la procesión fue recorriendo las diversas calles de La Palma para regresar de nuevo a su calle donde el sordo tambor volvía a calar hondo en los corazones cruceros al contemplar como el paso del Santo Madero acariciaba las puertas de la casa de una familia rota por la pérdida de uno de sus miembros que tantas veces cargo sobre sus hombros el paso de la Cruz. Pero la muerte esta en la Cruz derrotada y triunfal llegaba a su capilla el paso tras horas de procesión, volviendo a cruzar el dintel de su capilla entre el desatado fervor de los fieles piomperos, el regocijo glorioso de las campanas y el rumor de cohetes llamando a las puertas del cielo.

Las fiestas se prolongaron durante toda la tarde en la Calle Sevilla y alrededores, para concluir con cantes y bailes a las puertas de la capilla. Se ponía fin así a unas fiestas en las que ni ha habido que lamentar ningún incidente grave y en las que los piomperos han encontrado en su Santa Cruz a Cristo resucitado, aguardando la espera del lejano Corpus en que el viejo camino de Sevilla vuelva a vestirse de gala entre el ajetreo incesante de sus vecinos que aguardan al fin de sus días la victoria de la cruz de sus amores.




Fotos: José Mª Pichardo

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