Cáliz de fe y de vida triunfal sobre el leño de la muerte que porta el último aliento del Señor, el primer suspiro de la gloria. Pan y vino, cuerpo y sangre del redentor entre áureos hilos que elevan sobre los corazones el misterio de la Eucaristía.
La esperanza inundó cada rincón de los inmaculados muros de la Parroquia tiñendo de verde el corazón de la ciudad. Esperanza en la vida que se cumple en la soledad victoriosa del madero y en los brazos de la eterna Madre de este Valle, que cobija bajo su manto oraciones sinceras para su hijo resucitado.
Despertó el pueblo Bartolo del letargo invernal para llevar a la Santa Cruz desde su capilla hasta la Parroquia donde proclama unido la Fe que levanta en sus corazones el Sagrado Madero a lo largo del Solemne Triduo que celebra en su honor. Vuelve la medalla a prender desde el cuello, vuelven los ojos a inundarse de alegría, vuelve la razón a perderse entre el puro sentimiento mientras vuelve el eco de los vivas a tomar el pulso de la ciudad. La Calle Cabo traspasa sobre la ciudad los límites de su acotación.
La Cruz se alza triunfal en un elegante y esbelto altar, donde predomina como viene siendo habitual el color verde, propio de ésta Hermandad. El Madero de la Calle Cabo estrena para la ocasión el nuevo sudario donado por su camarista, el cual presenta bordados en oro y sedas que brotan hasta la mitad del blanco lienzo que prende de los brazos de la cruz, otorgando así un sabor antiguo a estos cultos. El abundante y bello exorno floral, está compuesto en ésta ocasión, por Antirrhinum blancos repartidos en diversas jarras de plata. Iluminado éste altar, candelería de cera blanca, colocada simétricamente entorno a la Santa Cruz que se eleva sobre una peana de plata, escoltada por dos candelabros de cinco brazos, quedando el conjunto bajo un bello dosel. También se encontraba en el altar, el típico "Bartolito", colocado a los píes de la Cruz.

Una gran cantidad de fieles abarrotaron durante los días del triduo las naves del templo Parroquial. Este culto comenzaba el pasado Viernes con la presentación de los niños a la Santa Cruz el primer día de Triduo dejando emotivas estampas, como emotiva fue la interpretación por parte del coro de la Hermandad de la sevillana "Del Valle al cielo" al finalizar cada día del triduo rindiendo así pleitesía a Nuestra Patrona, que en el año de su coronación ha presidido estos cultos.
El domingo, último día del triduo, la Santa Cruz fue descendida de su altar y exaltada a su paso para regresar a su capilla entre la emoción de cientos de bartolos que aguardaban impacientes portarla sobre sus hombros. Pero la ilusión se vio frustrada debido a las inclemencias meteorológicas, que obligaron a suspender este traslado, el cual se desarrollaría de forma privada esa misma noche. Así, en el interior del templo la Santa Cruz fue vuelta hacia el altar de Nuestra Patrona ante la que se rezo la Salve y posteriormente quedo expuesta bajo la bóveda de la Parroquia durante una hora para que todos aquellos devotos que quisieran llevar sus oraciones al Señor por medio de la cruz pudieran hacerlo. El paso de plata de la Cruz se encontraba exornado a base de orquídeas y rosas amarillas que resaltaban sobre Antirrhinum blancos.
El pueblo Bartolo celebro la victoria de Cristo en la Cruz a lo largo de tres días de oración y reencuentro con el Sagrado Madero. Mayo avanza impaciente hacía su fin en los corazones, un latido que encontrara la paz cuando la Santa Cruz de la Calle Cabo recorra triunfal las calles de La Palma.
Fotos: Diego M. Sánchez

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