Romance
La tarde, toda hecha malva,
desemboca en tus veredas;
los aires, todos azules,
hoy tienen alas de seda.
Que el amor viene cantando
por el monte y la ribera
para ofrecer a la Virgen
Valle las flores nuevas.
Milagro azul de los campos,
milagro de sol y estrellas,
milagro que está en el grito,
sin voz de tu sementera.
Que a los espacios tu nombre
algo lo lanza y se queda
brillando perennemente
con tu honor y tu grandeza.
¡La Palma, ciudad sin sueño,
en un sueño de fiesta!,
Rosario de medianoche
encendido en la Edad Media...
La Palma, ciudad que canta,
que llora, que ríe y reza;
que tiene sobre los aires
toda la luz prisionera...
La sangre bulle y rezuma
al corazón por las venas
; la mirada se eternizá,
el infinito se acerca;
y el milagro de los campos,
hecho de sol y de estrellas,
nos llega, desde el Condado,
a nuestras ansias perpetuas.
La tarde, toda hecha malva,
desemboca en tus veredas;
los aires, todos azules,
hoy tienen alas de seda.
Que el amor viene cantando
por el monte y la ribera
para ofrecer a la Virgen
Valle las flores nuevas.
Milagro azul de los campos,
milagro de sol y estrellas,
milagro que está en el grito,
sin voz de tu sementera.
Que a los espacios tu nombre
algo lo lanza y se queda
brillando perennemente
con tu honor y tu grandeza.
¡La Palma, ciudad sin sueño,
en un sueño de fiesta!,
Rosario de medianoche
encendido en la Edad Media...
La Palma, ciudad que canta,
que llora, que ríe y reza;
que tiene sobre los aires
toda la luz prisionera...
La sangre bulle y rezuma
al corazón por las venas
; la mirada se eternizá,
el infinito se acerca;
y el milagro de los campos,
hecho de sol y de estrellas,
nos llega, desde el Condado,
a nuestras ansias perpetuas.
Por D.José Mauel de Lara
Foto: José Mª Pichardo
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